sábado, 15 de julio de 2017

Diosa del norte

A mi isla de hielo y fuego
 


Primero fue la ola apaciguando la rudeza de las piedras. Luego las torres desafiando las corrientes. Pájaros marinos a merced de las mareas. Resignados emigrantes viajando al sur, el único punto cardinal habitable. Sin embargo ella, en su porfía, voló al norte, a contracorriente, la mirada indomable, las piedras proféticas en el puño cerrado.
Se llamaba Freyja, diosa de la estrella Polar, espíritu de los volcanes y los glaciares. Dueña de su destino y de las voces guerreras, cabalgó altiva sobre el día eterno. El mar de lava bajo un cielo gris fue su único lecho. Allí dejó enterrada el alma mientras sus huellas vagaban como dulces sombras entre el fuego y el hielo. Libre navega la diosa boreal, aferrada a la única tabla que puede salvarla. Proa al norte, desafiando sin pestañear a la cordura.

Belkys Rodríguez Blanco ©

lunes, 19 de junio de 2017

A la deriva


A la deriva en mares ajenos, sobre arenas movedizas. Con el amanecer a la espalda avanza hacia las sombras.

A la deriva sobre la tabla de otro náufrago que como él renunció a sus costas. Obstinado navegante luchando solo contra las tempestades que azotan sus miedos.

Cabalgando sobre olas indómitas, la melena ondulante, la mirada perdida en el escurridizo horizonte.

A la deriva en una noche sin estrellas fugaces, con la frialdad incrustada en los huesos, la ropa mojada, el cielo plomizo, la esperanza errante.

Belkys Rodríguez Blanco ©

sábado, 11 de febrero de 2017

Mariposa bajo la lluvia




Los nubarrones bajaron por fin a abrazar las montañas. Las finas gotas se deslizaron sigilosas entre las ramas y las piedras. La tierra tenía sed y por eso no podía descansar. Sus párpados rojizos y abiertos como ventanas al viento, añoraban la lluvia y suplicaban al cielo. Las nubes se compadecieron de su desesperación y poco a poco fueron desabotonando sus grises faldas y dejaron caer sobre el suelo cuarteado unas cuantas gotas danzarinas.

La mariposa temblaba debajo de una hoja de laurel que, en cualquier momento, se quebraría por el peso del agua. Con las alas mojadas no podría volar. Apesadumbrada, se abrazó al tronco del árbol y esperó lo inevitable. Triste destino, pensó, y añoró el sol y el cielo despejado. Maldijo la lluvia sin pensar en la alegría de la tierra y de tantas criaturas que morían de sed a su lado. Resignada, cerró los ojos mientras las gotas iban empapando la fragilidad de su cuerpo.

“Despierta y ven a celebrar el milagro del aguacero”, un lagarto la zarandeaba y le hablaba a grito pelado. “Soy una mariposa, tonto, y si me mojo jamás podré volar”, respondió ella con un hilo de voz. “Eso no es un problema, tengo algo que te protegerá”. El reptil salió disparado y regresó con un enorme paraguas de color verde que tenía pintados unos ojos de sapo y una boca grande y sonriente. Aún temblorosa, la grácil criatura dejó de cobijarse bajo el laurel y, por primera vez, desplegó sus alas y fue feliz revoloteando bajo el aguacero invernal.

Belkys Rodríguez Blanco ©

viernes, 6 de enero de 2017

Conversación con una mariposa




La muchacha más linda del pueblo se marchó callada, en puntillas y con su eterna sonrisa en la mirada. Echo de menos tu voz, la bondad en tus ojos y esa risa sincera y contagiosa que aún resuena en mis recuerdos.

Quiero tararear aquella canción que tanto te gustaba pero el dolor me ronda como felino insaciable y las lágrimas empañan la mañana soleada en una isla que no es tu isla. “Valle plateado de luna, sendero de mis amores. Quiero cantarle a las flores el canto de mi montuna”. Así le cantabas a tu playerito, al hombre apuesto y galante que se hizo a la mar y fue pescador y marinero. El amor de tu vida, el pintor que llenó de colores cada día de tu existencia.

Mi mariposa azul en el salitre y la espuma. Revoloteas sobre las olas de una playa que recorro cada día buscando tu rastro, tu risa, las caricias de mi infancia, el dulce aroma de tu pelo blanco, el limonero del patio, el olor a café recién colado, las novelas en la radio, la lluvia cálida sobre el tejado, el sonido del trueno en la distancia, los interminables campos de caña, tus manos laboriosas sobre el tejido, Penélope caribeña, la eterna melodía dedicada al abuelo en tus labios.

Me dejo envolver en el arrullo de tu aleteo, en el último te quiero, en la generosidad de tu alma, en tu vuelo silencioso sobre estas costas donde ahora habito, añorando las mías, implorando tu abrazo, intentando reconciliarme con la ausencia.

A la memoria de mi abuela Elita.

Belkys Rodríguez Blanco ©

viernes, 30 de diciembre de 2016

Desidia




Se refugió dentro de sí mismo y el tiempo se le enquistó en el alma. Los minutos y las horas se diluyeron lentamente en un río de aguas apacibles y traicioneras. Se quedó sin latidos y la vida se volvió escurridiza en la espera. Se acurrucó indefenso en el regazo de la desidia y allí lo sorprendió el alba, contemplando el techo, los ojos enrojecidos, los brazos cruzados sobre el pecho, los sueños desparramados por el suelo, la respiración agonizante. Dentro de sí mismo encontró ese raro sosiego que antecede la muerte. Los amaneceres se quedaron sin motivos. Las noches lo invitaron al cansancio. La vida exhaló un suspiro de alivio dentro de aquellas cuatro paredes. La desidia lo convirtió en marioneta y movió sus hilos hasta el borde del abismo. Y allí se quedó, contemplando resignado el último día de su anodina existencia.

Belkys Rodríguez Blanco ©

sábado, 17 de diciembre de 2016

Acto final




El disparo arrancó un grito a la tarde moribunda. Cansado de ausencias y naufragios el hombre se adentró en la noche como una sombra azarosa. En sus fauces  encontró el sosiego y un lugar para disimular su nostalgia. Aferrado a todos los recuerdos se despojó del miedo y del desamparo. Hundido en la oscuridad durmió ese sueño que algunos llaman eterno. Y en la eternidad regresó a la inocencia, a esos días en que su madre lo acunaba y lo protegía de las pesadillas. Ahora está solo frente al telón que baja ajeno al eco de antiguos aplausos. Solo en el acto final, en el silencio de un teatro vacío. Desnudo, los ojos fijos en la frialdad del suelo y una sonrisa de despedida en la palidez de los labios. Solo avanza hacia la salida, los brazos extendidos a la noche que engulle por fin su tristeza.

Belkys Rodríguez Blanco ©

viernes, 16 de diciembre de 2016

El dictador navideño



La Navidad es una época bonita desde el punto de vista de los niños inocentes, pero pocos saben la verdad. Casi nadie sabe realmente qué es lo que pasa cada año en la fábrica del viejo barbudo. Miles y miles de duendes son explotados laboralmente en contra de su voluntad, trabajando con horarios abusivos; todo por salarios míseros y, en algunos casos, inexistentes. El tirano de Papá Noel maneja a su antojo a las familias de duendes. Muchos han intentado huir pero pocos lo han conseguido.
 
Todavía estamos a tiempo de concienciar a la gente del abuso que sufren estos seres. Si los gobiernos no se unen y acaban con esta tragedia, podríamos estar ante la mayor crisis de duendes refugiados de toda la historia. Ayúdanos a acabar con esta injusticia. Antes de pedir algo por Navidad piensa en una pobre familia de duendes, a la que obligan a fabricar algo que tú has pedido por capricho.
Por: Diego Lozano Rodríguez