jueves, 6 de junio de 2013

Atardecer de domingo


Detrás de las montañas de Santa Lucía la luz es tenue e imprecisa. El verde y el ocre se entrelazan cómplices del atardecer. El viento despeina delicadamente los recuerdos. Quiero imaginar que no estoy aquí en este domingo de añoranzas. Cierro los ojos para ausentarme y volver a percibir el aroma del patio de la casa familiar: los helechos que plantó mi madre, las orquídeas que se aferran al tronco longevo de la mata de mango, los gorriones que luchan por un trozo de pan, la mirada bondadosa del perro, el olor de la ropa tendida al sol, mi padre que llega del monte con la escopeta al hombro me sonríe y me muestra las palomas inertes, y la paz de los colores de esa tarde agonizante que se quedó adormilada para siempre en la memoria. 
El bullicio de toda la familia almorzando en la mesa del comedor de la casa de los abuelos.  El arroz con pescado ensopado me hace la boca agua. La felicidad en el rostro de mi abuela, trajinando sin parar para que todos estemos bien servidos. El abuelo con su cámara Lubitel atrapando risas o el llanto de mis primos pequeños,  ay me quemé la boca abuelita, espera muchacho, deja que se enfríe un poco, siéntate bien que se te joroba la espalda, coge bien los cubiertos que luego se te queda esa fea maña, no se eructa en la mesa, Abelito. Y allí estoy yo, con la cabeza apoyada en el regazo de mi madre, soñando que en mi pueblo de tierras llanas y cenagosas crecen montañas como las de Santa Lucía. Aquella niña que imaginaba paisajes lejanos descritos en los libros, pasea con su perra a miles de kilómetros de su hogar e intenta en vano mantener a raya la nostalgia de un atardecer de domingo. 

4 comentarios:

  1. Eres muy buena con las teclas debajo de tus dedos y pienso enviciarme con el resultado de tus pensamientos escritos en este blog.
    Un abrazote, añoradora
    Helio




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  2. Gracias, querido amigo. Ese vicio no es nocivo, así que bienvenido al club de los viciosos de las palabras. Un abrazo enorme y gracias por estar ahí.

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  3. Belkys, tus recuerdos, tus nostalgias, tus remembranzas atrapan en esas palabras fluidas y bien organizadas que usas para llegar hasta el lector, en este caso lectora que se emociona al leerlas y participar de tus recuerdos y en la cotidianeidad.
    Besos muy isleños

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    1. Gracias, Anaís. Me encanta poder compartir mis recuerdos con personas como tú. Agradezco mucho tus palabras. Besos

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