jueves, 26 de septiembre de 2013

Mariposa tropical


A mi amiga Ángeles



La mariposa observaba los colores de la aurora boreal y se preguntaba si podrían sobrevivir en el cielo caribeño. No se atrevía a interrumpirla porque aquélla ondulaba ensimismada como si fuera besando el cielo de pies a cabeza. Hacía frío y la mariposa agitaba las alas con entusiasmo  intentando mantener su cuerpo cálido. Quería marcharse, volver a sus costas de arenas blanquísimas, de palmeras y cocoteros, pero se había dejado embrujar por aquella danza multicolor que crecía deprisa, e iba borrando sin remordimientos el candil de cada estrella. Sin darse cuenta se fue quedando dormida y cuando despertó flotaba a la deriva abrazada a un arco iris que, cansado de luchar contra un cielo encapotado, chapoteaba en medio del océano intentando salvar a una pequeña mariposa desorientada.

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