jueves, 10 de julio de 2014

Calima y aguacero


Calima que anula el mar y la voluntad. El polvo le reseca la garganta mientras en sus recuerdos busca un aguacero que le refresque los sentidos. El sol es perfectamente redondo encima de las lomas. Hay otro sol, distante, que intenta apagarse sobre las olas caribeñas. Allí flota ella, entre algas y toninas. Aquí  no encuentra ningún punto cardinal con tanto polvo en suspensión. Calima y aguacero. Orillas que se miran y no se reconocen. Los ojos cansados otean el horizonte y entre las dunas creen ver un rayo que cercena la penumbra. Está segura de que la lluvia está a punto de empapar el cuerpo de una mujer tropical que agoniza en el umbral del desierto.

miércoles, 2 de julio de 2014

Estío


Tanto calor aplasta las palabras, las fríe hasta convertirlas en chicharritas carbonizadas. El teclado me mira con desdén, bosteza y cierra los ojos. Sueño con aquella charca bajo el faro, a la sombra de la lava milenaria. Allí las piedras son un remanso de frialdad y el mar del otro lado del acantilado salta y me salpica la punta de la nariz. El salitre me lame la boca. Desaparezco bajo el agua fría y desde el fondo te veo sonreír y veo también a mi perra saltando sobre los charcos. Se sacude y unas pequeñísimas gotas me refrescan la cara. Te hundes el sombrero hasta las cejas y miras al horizonte. Hay un par de cangrejos aferrados a las rocas. Dos gaviotas se precipitan sobre la espuma. El pescador se seca el sudor y espera paciente. Implora la agonía del sol. Los peces se alejan buscando la sombra de los abismos. La marea sube y deja estas palabras enredadas como algas en mis tobillos.

martes, 1 de julio de 2014

El secreto



Muy cerca de la estrella polar, las hadas y los elfos me susurraron un secreto y yo, incrédula, tan solo sonreí mientras los colores de la aurora boreal iban construyendo un camino hacia el sur. Ahora sé que todo lo que me contaron era cierto. Y estoy aquí, exactamente donde ellos me dijeron que me traería el destino. Ya no me preocupan los puntos cardinales. No necesito ningún instrumento para encontrarme. Sé que hacia el norte están tus huellas y en el sur me esperan tus caricias. El este guarda  con celo los colores de la mañana, y en el oeste los últimos minutos de la tarde me seducen antes de que se asome la luna. La primera estrella me hace un guiño cómplice y yo acepto la bondad de esa luz que me cura los sentidos.