miércoles, 10 de febrero de 2016

Recomenzar


Deja que la brisa sea tus alas. Tiende el corazón al viento para que cicatricen viejas heridas. Deja que el mar encabritado te salpique cada sueño, cada derrota, cada acierto. Tiende las alas mojadas en la orilla. El salitre las cura, las fortalece, las renueva. Despliega luego el alma y acepta la bondad de una mirada, la parsimonia de unas manos que te acarician sin lujuria.

viernes, 5 de febrero de 2016

Mariposa en el océano

A la memoria de mi abue, la muchacha más bonita del pueblo.


Ella también se convirtió en mariposa y voló a ras de los mares. Ella tenía la sonrisa diáfana, las manos laboriosas, los ojos grandes y nobles y una canción siempre en los labios. Ella amó a un playerito que fue pintor y marinero. En aquel valle plateado de luna se juraron amor eterno y así fue y sigue siendo. Ella nunca lloraba cuando me iba y me decía que me esperaría. Y así fue.

Sus alas de mariposa azul se pegaron a mi rostro para que yo pudiera disimular mis lágrimas. Luego voló con elegancia sobre los verdes campos custodiados por ceibas, algarrobos, jagüeyes, framboyanes y palmas reales. El aleteo se volvió melodía, la canción que ella le cantaba al amor de su vida, mientras yo besaba su frente y sus cabellos blancos.

Susurró mi nombre y un te quiero como despedida. El alma se quebró. El lamento fue callado y punzante. Anduvo sigiloso, sosteniendo mi sombra en la caída. Ella se convirtió en mariposa y ahora descansa sobre esas flores que flotan a la deriva en mis recuerdos y en la distancia.