domingo, 5 de junio de 2016

La diosa de los mares


Yemayá la observaba desde la cresta de una ola. En lo alto del acantilado ella lloraba por un amor imposible. Las lágrimas rodaban por las piedras y al mezclarse con el salitre se convertían en perlas. La madre de los peces y los orishas se acercó a la orilla y desplegó los caracoles. Su manto azul se extendió como el propio cielo. Desde lo más profundo del océano se escuchó el canto de las sirenas y los delfines.

Yemayá habló en la lengua de los dioses y de su garganta brotó como una flor silvestre la más dulce de las  melodías. Ella enjugó sus lágrimas y se acercó recelosa a la orilla. Las olas  lamieron sus pies y sanaron su alma. La diosa que todo lo sabe le entregó una concha y le contó un secreto. Ella sonrió y se fue caminando sobre el manto de rosas blancas que ahora cubría la ribera. La diosa regresó a su cabalgar sobre las olas. Ella se alejó hacia la tarde repitiendo en un susurro su nombre.

Belkys Rodríguez Blanco ©

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